EVIDENCIA INTERNACIONAL
América, la única región del mundo donde el suicidio sigue aumentando
El crecimiento más acelerado de la mortalidad por suicidio se está presentando entre las mujeres jóvenes de 10 a 14 años
Aumento de suicidio juvenil en las Américas preocupa a autoridades sanitarias.
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Redacción. Bogotá
El aumento sostenido de los suicidios entre adolescentes y adultos jóvenes en las Américas se ha convertido en una de las principales preocupaciones para la salud pública regional. Así lo revela un
nuevo estudio divulgado por la Organización Panamericana de la Salud, que evidencia un incremento del 38 por ciento en las tasas de suicidio juvenil durante las últimas dos décadas.
De acuerdo con el análisis, publicado en The Lancet Regional Health – Americas, en 2021 se han registrado
18.157 muertes por suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes de 10 a 24 años en las Américas, consolidando este fenómeno como la
tercera causa de muerte en este grupo etario.
Aunque
tres de cada cuatro fallecimientos correspondieron a
hombres, el informe advierte que el crecimiento más acelerado de la mortalidad por suicidio se está presentando entre las
mujeres jóvenes. Además, el incremento más pronunciado se observó en niños y adolescentes de
10 a 14 años, situación que expertos consideran especialmente alarmante por la temprana aparición de factores de riesgo relacionados con salud mental.
“El hecho de que la tasa de suicidio entre los jóvenes haya aumentado un 38 por ciento en poco más de dos décadas, frente a un aumento del 17 por ciento en la población general, es una señal de alerta”, ha afirmado
Jarbas Barbosa, director de la OPS. El funcionario ha insistido en la necesidad de
fortalecer las estrategias de prevención, detección temprana y acceso oportuno a atención especializada para niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Factores de riesgo cada vez más tempranos
El estudio identifica múltiples factores asociados al incremento de la conducta suicida en jóvenes, entre ellos la
depresión y la ansiedad de aparición precoz, el consumo de sustancias psicoactivas, la
exposición excesiva a entornos digitales, el ciberacoso, la presión social y el acceso a medios letales.
Según los investigadores, buena parte de estos factores pueden prevenirse o tratarse si se detectan tempranamente, lo que refuerza el papel de la
atención primaria, la
salud escolar y la vigilancia comunitaria en la identificación de señales de riesgo.
Para
Renato Oliveira e Souza, jefe de la Unidad de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OPS, el panorama exige acelerar intervenciones integrales en los entornos educativos y comunitarios.
“El aumento de la mortalidad por suicidio entre los más jóvenes exige reforzar la detección temprana y las intervenciones en las escuelas y comunidades”, ha señalado el especialista, quien además enfatizó la necesidad de
ampliar el acceso a servicios de salud mental y fortalecer las acciones dirigidas a restringir el acceso a medios letales.
América, la única región del mundo donde el suicidio sigue aumentando
La investigación ha analizado datos de 35 países entre 2000 y 2021, basados en las Estimaciones Mundiales de Salud de la Organización Mundial de la Salud. Los resultados muestran que la tasa de mortalidad por suicidio en personas de 10 a 24 años pasó de 5,7 a 7,84 muertes por cada 100.000 habitantes, con un
crecimiento anual promedio de 1,48 por ciento.
Aunque las tendencias variaron entre subregiones, los mayores niveles se observaron en América del Norte y algunos países del Cono Sur. La OPS ha recordado además que las Américas continúan siendo la única región del mundo donde la mortalidad por suicidio en la población general mantiene una tendencia ascendente desde el año 2000.
Frente a este escenario, el organismo regional lanzó en 2025 la Iniciativa para la Prevención del Suicidio en las Américas, una estrategia orientada a
fortalecer los planes nacionales, ampliar el acceso a servicios de salud mental y disminuir el estigma asociado a los trastornos mentales y la conducta suicida.
El estudio también recomienda implementar programas escolares de promoción de la salud mental y habilidades socioemocionales,
mejorar el seguimiento de personas en riesgo y promover una cobertura mediática responsable del suicidio.
Para los especialistas, el reto ahora es traducir la evidencia en
políticas públicas sostenidas, especialmente en países donde persisten brechas de acceso a atención psiquiátrica y psicológica en población infantil y adolescente.