La importancia del autocuidado
Por Heacleff Gutierrez, SOCOPAC Science Head en Opella.
En Latinoamérica, cuidarnos rara vez es una decisión individual. Cuando aparece un malestar, lo primero que hacemos no es actuar, sino compartirlo. Lo hablamos con la familia, con amigos, en el chat, en redes e incluso nuestro algoritmo; el amigo confiable que siempre sabe qué decir y qué hacer.
El cuidado se discute, se recomienda y se valida en colectivo. Esa forma de relacionarnos con la salud es parte de nuestra identidad.
Pero también explica uno de nuestros mayores problemas. En la práctica, esa lógica compartida suele traducirse en espera.
En postergar decisiones simples. En aguantar más de la cuenta. No porque no existan soluciones, sino porque preferimos no decidir solos. Y así, síntomas comunes y tratables se normalizan hasta que dejan de serlo.
No es una percepción. Es un patrón. Estudios internacionales muestran que 4 de cada 5 personas no se sienten seguras al
tomar decisiones sobre su propia salud, aun cuando enfrentan molestias frecuentes para las que existen opciones claras. El resultado es conocido: no tratan, esperan, y llegan tarde. He visto esa dinámica de cerca, también en lo personal. En mi familia, como en tantas otras, cuando aparece un malestar leve, se activan conversaciones largas y respuestas tardías: “esperemos un poco”, “a mí me pasó y se me quitó”, “no es para tanto”. El cuidado está ahí, pero la acción concreta siempre queda para después. Durante años lo normalicé. Hoy lo veo con más claridad: muchas veces confundimos acompañar con postergar.
Y postergar tiene consecuencias.
Para las personas, primero. Para los sistemas de salud, después. Distintos estudios demuestran que, por cada euro invertido en autocuidado, los sistemas de salud pueden ahorrar entre 8 y 9 euros, gracias a la reducción de consultas innecesarias, menor uso de urgencias y una menor presión sobre los profesionales de la salud1. Cuando no actuamos a tiempo, el problema no desaparece: se acumula.
¿Por qué nos cuesta tanto decidir antes? En gran parte, por una culpa cultural silenciosa. En nuestra región, cuidarse de forma oportuna puede verse como exagerar. Tomar una decisión individual puede sentirse como romper con lo colectivo. Preferimos aguantar antes que “hacer un drama”. El problema es que aguantar no siempre es fortaleza. Muchas veces es solo demora.
Aquí vale decirlo sin rodeos:
el autocuidado no es individualismo. No es hacer todo solo, ni ignorar a los demás. Es asumir responsabilidad sobre decisiones que nadie puede tomar por nosotros. Escuchar está bien. Delegar completamente nuestra salud, no.
Necesitamos cambiar el marco mental: pasar de una cultura de espera a una cultura de acción informada. Porque cuando las personas tienen claridad y confianza para actuar, no solo se cuidan mejor: también fortalecen a su entorno y alivian sistemas de salud que ya operan al límite.
1 Global Self-Care Federation. (2023). The Self-Care Barometer: Empowering people for sustainable health systems.
https://www.selfcarefederation.org/ecosoc-report
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