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NUEVO ESTUDIO
OMS alerta sobre los riesgos de separar a recién nacidos de sus madres afectadas por la COVID-19
Esta separación sistemática aumenta el riesgo de muerte y de complicaciones para toda la vida del bebé
Martes, 16 de marzo de 2021, a las 18:22

Anshu Banerjee, director del Departamento de Salud de la Madre, el Recién Nacido, el Niño y el Adolescente y de Envejecimiento.


Redacción. Bogotá
Según ha indicado un nuevo estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), separar a los recién nacidos de sus madres por sospecha o confirmación de sintomatología de COVID-19 “aumenta el riesgo de muerte y de complicaciones" de los neonatos.
 
El estudio ha asegurado que dejarlos juntos podría salvar más de 125.000 vidas. Cabe resaltar que, la pandemia por COVID-19 está interfiriendo gravemente la calidad de la atención a los neonatos con bajo peso al nacer o problemas de salud, lo cual da lugar a defunciones y a un sufrimiento innecesarios, ha indicado el estudio, publicado en la revista científica The Lancet.
 
"El contacto estrecho entre el recién nacido y sus progenitores tras el parto es de vital importancia, sobre todo para los prematuros o de bajo peso", han denotado las autoridades sanitarias desde la OMS.
 
Asimismo, la OMS ha recomendado mantener al niño en la misma habitación que la madre desde su nacimiento para que esta pueda amamantarlo y mantener el contacto piel con piel, incluso en los casos en que se sospeche o se confirme la presencia de COVID-19. 
 
Según ha recalcado el informe, esto ocurre sobre todo en los países más pobres, que es donde se produce el mayor número de partos prematuros y defunciones infantiles. Este riesgo aumenta cuando no se aplica el "método de la madre canguro", que implica que el recién nacido permanezca en contacto estrecho con uno de los progenitores (normalmente, la madre).

El contacto inmediato y prolongado piel con piel con uno de los padres y la lactancia materna exclusiva son especialmente importantes para los bebés prematuros o de bajo peso y se ha comprobado que reduce la mortalidad infantil al menos en un 40 por ciento, la hipotermia en más de un 70 por ciento y las infecciones graves en un 65 por ciento.
 
Sobre el proceso de investigación

Los resultados de una revisión sistemática de 20 directrices clínicas publicadas en 17 países durante la pandemia de COVID-19 han evidenciado que, en una tercera parte, estas directrices recomendaban separar al recién nacido de su madre si esta tenía COVID-19 o mostraba signos de esta enfermedad.
 
Por otro lado, en una encuesta mundial realizada a miles de profesionales de la asistencia neonatal que se publicó en un artículo conexo en la revista British Medical Journal (BMJ) Global Health, se ha observado que dos tercios de los trabajadores de la salud de los 62 países participantes informaron que no permiten que las madres con COVID-19 presunta o confirmada practiquen el contacto piel con piel, mientras que casi una cuarta parte veta la lactancia materna, incluso cuando la cuidadora del niño no está infectada. 
 
En la mayoría de los casos, los estudios han estipulado que los recién nacidos infectados con el virus que causa la COVID-19 no presentan síntomas o que estos son leves, y que el riesgo de muerte neonatal es bajo.
 
El nuevo estudio también ha esclarecido que, el riesgo de infección en los neonatos a causa de este virus, provocaría menos de 2.000 defunciones. No obstante, las infecciones durante el embarazo pueden aumentar el riesgo de parto prematuro, lo cual pone todavía más de manifiesto la importancia de atender adecuadamente a los bebés prematuros y a sus madres y padres durante esta pandemia. 
 
Recientes cifras han indicado que, cada año nacen 15 millones de niños prematuros (es decir, antes de las 37 semanas de gestación) y 21 millones de neonatos presentan un peso bajo al nacer (menos de 2,5 kg).

Lo que implicaría que, estos niños corren el riesgo de sufrir graves perjuicios para su salud, como discapacidades, retrasos en el desarrollo e infecciones. Además, las complicaciones relacionadas con la prematuridad son la principal causa de defunción entre los recién nacidos y los niños menores de cinco años.  
 
Por su parte, el director del Departamento de Salud de la Madre, el Recién Nacido, el Niño y el Adolescente y de Envejecimiento de la OMS, Anshu Banerjee, ha indicado que, "las interrupciones en los servicios sanitarios esenciales durante la pandemia de COVID-19 han afectado gravemente a la calidad de la atención a algunos de los recién nacidos más frágiles y ha dificultado que gocen del derecho de mantener el contacto vital con sus padres que necesitan".
 
"Si no actuamos ahora para proteger y mejorar la calidad de la atención a las madres y los recién nacidos y para ampliar la cobertura de intervenciones que salvan vidas, como el método de la madre canguro, pueden perderse décadas de progresos en las que hemos reducido la tasa de defunciones infantiles", ha concluido el director.

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