HÁBITOS ALIMENTARIOS
Obesidad infantil en Colombia: el diagnóstico integral se posiciona como prioridad clínica
Durante el Simposio de Pediatría 2026, especialistas alertaron que la detección temprana debe integrar factores metabólicos, familiares y ambientales
Michelle Aguilera Carrillo, docente de la Facultad de Medicina de la UNAL.
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Redacción. Bogotá
Durante el Simposio de Pediatría 2026, organizado por la Asociación de Exalumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la docente
Michelle Aguilera Carrillo, de la Facultad de Medicina, ha dado a conocer el panorama actual de la
obesidad infantil y enfatizó la necesidad de avanzar hacia un
diagnóstico integral, enfocado no solo en el tratamiento, sino especialmente en la
prevención temprana, incluso antes de que la enfermedad crónica se manifieste.
En su intervención, la experta ha subrayado que el abordaje clínico debe
trascender el concepto tradicional de “dieta”. “Las dietas suelen entenderse como intervenciones temporales; en cambio, debemos hablar de
hábitos alimentarios, que son progresivos y permiten cambios sostenibles en la vida de los niños y sus familias”, señaló.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN 2018), uno
de cada cuatro niños colombianos entre los 5 y 12 años presenta exceso de peso, mientras que cerca del 18 por ciento de los adolescentes tiene riesgo de sobrepeso u obesidad. En edad escolar, el exceso de peso aumentó del 18,8 en 2010 al 24,4 por ciento en 2015, lo que confirma un crecimiento sostenido del problema.
Este panorama se alinea con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en las cuales se evidencia que la obesidad se ha
triplicado en el mundo desde 1975. Para 2016, 41 millones de niños menores de cinco años y 340 millones de niños y adolescentes entre los 5 y 19 años vivían con sobrepeso u obesidad.
La profesora Aguilera ha explicado que la obesidad infantil responde a la interacción de factores modificables, como el sedentarismo, el estrés y los hábitos alimentarios poco saludables, y factores no modificables, entre ellos la genética, la edad, el sexo y la etnia. Estas condiciones suelen asociarse al
síndrome metabólico, caracterizado por obesidad abdominal, hipertensión arterial y alteraciones en los niveles de glucosa y triglicéridos.
Desde el punto de vista clínico, la obesidad en la infancia incrementa el riesgo de
diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hígado graso no alcohólico, trastornos ortopédicos y respiratorios, así como problemas de salud mental, incluyendo ansiedad, baja autoestima y estigmatización social. Los especialistas advierten que una proporción significativa de estos niños mantendrá la obesidad en la edad adulta, perpetuando el ciclo de la enfermedad.
La experta ha recalcado que la obesidad puede originarse incluso
desde la etapa prenatal, influenciada por el estado nutricional materno, la diabetes gestacional y el tabaquismo, factores que pueden afectar procesos como la
metilación genética, clave en la regulación de la expresión génica. En el periodo neonatal, un peso al nacer superior a 4 kilogramos, una ganancia de peso acelerada y el tipo de alimentación también aumentan el riesgo futuro.
En el contexto colombiano, la
transición alimentaria ha favorecido el consumo de productos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas y sodio, con una reducción en la ingesta de alimentos frescos. A ello se suma el
sedentarismo, impulsado por el aumento del tiempo frente a pantallas y la disminución del juego activo, incluso en edades preescolares. Factores como la falta de tiempo, información y acceso a opciones saludables limitan además la capacidad de los hogares para adoptar conductas protectoras.
Diagnóstico integral y rol del entorno
Para los pediatras, la detección de la obesidad infantil
va más allá del peso corporal. La evaluación clínica debe considerar factores individuales, familiares y ambientales, descartar causas secundarias y valorar la disposición del niño y su familia para realizar cambios sostenibles.
Herramientas como la
circunferencia de cintura, la relación cintura–cadera, los pliegues cutáneos y la identificación de signos clínicos como la
acantosis nigricans son fundamentales, al igual que estudios complementarios como la ecografía hepática, resonancia magnética o elastografía; y exámenes de laboratorio para detectar alteraciones metabólicas tempranas.
Finalmente, Aguilera ha subrayado que la
responsabilidad de la obesidad infantil recae en gran medida en el entorno, ya que los niños reproducen los hábitos de los adultos. “Promover cambios reales en los hogares, los colegios y los espacios cotidianos es una estrategia esencial para prevenir este problema de salud pública”, ha concluido.