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Salud Pública
ACCESO A DIAGNÓSTICO
OMS advierte que 2.500 millones de personas podrían vivir con pérdida de audición en 2050
Expertos destacan que la prevención y la detección temprana son claves para reducir el impacto sanitario, social y económico
Martes, 03 de marzo de 2026, a las 14:39

Más de 700 millones de personas requerirán rehabilitación.


Redacción. Bogotá
La pérdida de audición se consolida como uno de los desafíos crecientes en salud pública a nivel mundial. De acuerdo con proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 cerca de 2.500 millones de personas presentarán algún grado de pérdida auditiva y más de 700 millones requerirán rehabilitación.
 
Actualmente, más del 5 por ciento de la población mundial, 430 millones de personas, incluidos 34 millones de niños, necesita intervención por pérdida de audición discapacitante, definida como una pérdida superior a 35 decibelios (dB) en el oído con mejor audición. Se estima que una de cada diez personas podría vivir con esta condición en las próximas décadas.
 
El costo anual global asociado a casos no atendidos asciende a cerca de USD 1.000 millones, cifra que incluye pérdidas en productividad, gastos sanitarios y consecuencias sociales. Sin embargo, ampliar los servicios de cuidado auditivo requeriría una inversión adicional inferior a USD 1,40 por persona al año, con un retorno estimado de USD 16 por cada dólar invertido tras una década.
 
La prevalencia aumenta con la edad: más del 25 por ciento de las personas mayores de 60 años presenta pérdida auditiva discapacitante. Cerca del 80 por ciento de los afectados vive en países de ingresos bajos y medianos, donde el acceso a diagnóstico y rehabilitación suele ser limitado.
 
La pérdida auditiva puede originarse en distintos momentos del ciclo vital:
 
-Periodo prenatal y perinatal: factores genéticos, infecciones intrauterinas como rubéola o citomegalovirus, asfixia perinatal, hiperbilirrubinemia y bajo peso al nacer.
 
-Infancia y adolescencia: otitis media crónica, meningitis y otras infecciones.
 
-Edad adulta y avanzada: enfermedades crónicas, tabaquismo, otosclerosis y presbiacusia.
 
-Factores transversales: exposición a ruidos intensos, medicamentos ototóxicos, traumatismos craneales, infecciones víricas y deficiencias nutricionales.
 

Además, más de 1.000 millones de jóvenes adultos están en riesgo de pérdida auditiva evitable debido a prácticas de escucha poco seguras en entornos recreativos.
 
La hipoacusia no intervenida se asocia con:
 
-Limitaciones en comunicación y desarrollo del lenguaje.
 
-Deterioro cognitivo y mayor riesgo de aislamiento social.
 
-Restricciones en acceso a educación y empleo.
 
-Incremento en años de vida ajustados por discapacidad (AVAD).
 
En niños, cerca del 60 por ciento de los casos podrían prevenirse mediante estrategias de salud pública.
 
Estrategias de prevención y detección
 
Las medidas preventivas incluyen vacunación, atención materno-infantil adecuada, asesoramiento genético, diagnóstico y tratamiento oportuno de infecciones otológicas, programas de protección frente a ruido laboral y promoción de prácticas de escucha segura.
 
Para el talento humano en salud, la detección temprana es determinante. Se recomienda cribado sistemático en:
 
-Recién nacidos y menores de un año.
 
-Niños en edad escolar.
 
-Trabajadores expuestos a ruido o sustancias químicas.
 
-Pacientes que reciben medicamentos ototóxicos.
 
-Personas mayores.
Herramientas digitales como la aplicación hearWHO permiten tamizaje preliminar en entornos clínicos y comunitarios con recursos limitados.
 
Rehabilitación: clave para la inclusión
 
La rehabilitación auditiva busca optimizar la funcionalidad y autonomía de las personas afectadas. Incluye el suministro de audífonos, implantes cocleares y de oído medio; terapia fonoaudiológica; entrenamiento en lengua de señas y lectura labial; dispositivos de asistencia auditiva; y acompañamiento psicosocial.
 
El reto se ha enmarcado en fortalecer la prevención a lo largo del curso de vida, integrar el tamizaje auditivo en atención primaria y garantizar acceso oportuno a tecnologías y servicios de rehabilitación, en un contexto donde la inversión temprana no solo es costo-efectiva, sino estratégica para la salud pública y la inclusión social.
 

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