RESPUESTA INMUNITARIA
Desnutrición infantil puede reducir la protección de algunas vacunas, según nuevos estudios
Gavi plantea integrar nutrición e inmunización ante posibles efectos de la desnutrición en la respuesta vacunal
La nutrición, inmunidad y condiciones sociales pueden influir en la protección infantil. (Foto: Unicef)
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Redacción. Bogotá
La
desnutrición crónica infantil podría afectar la magnitud o la persistencia de la respuesta inmunitaria generada por algunas vacunas, según nuevos análisis difundidos por
Gavi, the Vaccine Alliance. Los hallazgos han mostrado diferencias particularmente en la protección frente al
rotavirus y en los niveles de anticuerpos contra el
sarampión, aunque los investigadores han advertido que todavía no es posible establecer una relación causal directa entre mejorar la nutrición y aumentar la efectividad de la vacunación.
Uno de los estudios analizados encontró que, entre niños sin retraso del crecimiento, la vacunación oral contra el rotavirus se asoció con una
reducción del 59 por ciento en las probabilidades de hospitalización o atención de urgencias por esta infección, frente al
42 por ciento entre menores con retraso moderado o severo del crecimiento.
El análisis cobra relevancia para los programas de inmunización debido a que más de
uno de cada cinco niños en el mundo presenta desnutrición crónica, condición que puede afectar el desarrollo, alterar la función inmunitaria y modificar el ambiente intestinal en el que actúan las vacunas administradas por vía oral.
Retraso del crecimiento se asoció con menor efectividad frente al rotavirus
El análisis fue liderado por
Eleanor Burnett, del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias de Atlanta, y combinó información de
25 estudios desarrollados en 19 países con niveles medios y altos de mortalidad infantil.
Los investigadores evaluaron cómo el estado nutricional podía modificar la protección proporcionada por las vacunas contra enfermedades diarreicas graves por rotavirus.
Los resultados han mostrado que el
retraso del crecimiento, relacionado con desnutrición crónica, infecciones repetidas y otras condiciones adversas, se asoció con menor efectividad de la vacuna en los 12 países con mayor mortalidad infantil incluidos en el análisis.
En contraste, otras manifestaciones de desnutrición, como
emaciación o bajo peso, no mostraron una relación consistente con una reducción en el desempeño de la vacuna.
Este patrón ha llevado a los investigadores a plantear que las exposiciones crónicas que afectan el crecimiento podrían tener mayor relevancia sobre la respuesta inmunitaria que un deterioro nutricional más reciente.
Menores niveles de anticuerpos contra sarampión en niños con desnutrición
Un segundo estudio ha seguido a
621 niños completamente vacunados en Sudáfrica para evaluar la relación entre crecimiento y persistencia de anticuerpos contra
sarampión, tétanos y Haemophilus influenzae tipo B (Hib).
Los investigadores han encontrado que los niños que presentaban signos de desnutrición a los tres años y medio tenían, en promedio,
niveles más bajos de anticuerpos contra el sarampión a los cinco años que aquellos con crecimiento normal. En las niñas también se observaron niveles menores de anticuerpos contra el tétanos, mientras que esta relación no se evidenció entre los niños. Para Hib no se encontró una asociación similar.
No obstante, el estudio ha precisado que
la mayoría de los niños conservaba niveles de anticuerpos contra el sarampión considerados protectores, por lo que los investigadores no pudieron determinar si los menores niveles observados se traducían efectivamente en mayor riesgo de enfermar.
Por tanto, los resultados apuntan a una posible influencia de la desnutrición sobre la intensidad o duración de determinadas respuestas inmunitarias, pero
no demuestran pérdida de protección clínica.
Nutrición y vacunas
Los estudios revisados no han demostrado que una intervención nutricional por sí sola pueda mejorar la efectividad de una vacuna. Esta limitación se explica, en parte, porque la desnutrición suele presentarse junto con otros factores capaces de modificar la respuesta inmunitaria, entre ellos
infecciones recurrentes, malas condiciones de higiene, inflamación intestinal crónica y contextos de vulnerabilidad social.
Por esta razón, resulta complejo determinar cuánto del menor rendimiento observado corresponde directamente al estado nutricional y cuánto está relacionado con las condiciones ambientales y sanitarias que acompañan la desnutrición.
La evidencia sobre suplementación también ha sido heterogénea. Algunos trabajos han encontrado que nutrientes específicos, como la
vitamina A, pueden aumentar determinadas respuestas de anticuerpos, mientras otros estudios han reportado beneficios limitados o inexistentes.
Tampoco existe todavía evidencia suficiente para afirmar que los
suplementos alimenticios densos en nutrientes incrementen de manera consistente la eficacia de las vacunas o proporcionen mayor protección frente a las enfermedades prevenibles por inmunización.
Integrar nutrición e inmunización
Aunque todavía falta evidencia sobre un efecto directo de los suplementos sobre la respuesta vacunal, sí está ampliamente establecido que mejorar el estado nutricional favorece el
crecimiento, desarrollo y salud general de los niños.
En este contexto, Gavi ha destacado que vincular intervenciones nutricionales con la
vacunación rutinaria podría permitir abordar simultáneamente dos amenazas para la salud infantil, por un lado la desnutrición y por otro las enfermedades prevenibles mediante inmunización.
Un ensayo reciente desarrollado en Nigeria, citado por la organización, ha sugerido además que ofrecer suplementos nutricionales durante las jornadas de vacunación puede favorecer la
adopción de las vacunas infantiles, aunque este resultado no equivale a demostrar una mayor respuesta inmunológica.
La evidencia disponible todavía no permite concluir que corregir la desnutrición aumente directamente la efectividad de una vacuna. Sin embargo, los hallazgos refuerzan la necesidad de estudiar con mayor profundidad cómo las
condiciones nutricionales, inmunológicas y sociales influyen en la protección que reciben los niños y cómo los programas de salud pueden responder de manera integrada.