Médicos Sin Fronteras despliega clínicas móviles para atender a comunidades afectadas por el terremoto
Las clínicas móviles atienden enfermedades agudas y crónicas, salud mental y salud sexual y reproductiva
Clínica móvil en el barrio de Alberto Lleras, una de las zonas más afectadas de Buenaventura.
Foto: Médicos sin Fronteras
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Redacción. Bogotá
A dos semanas del terremoto de magnitud 7,4 que ha sacudido el occidente de Colombia, la emergencia ha evolucionado hacia un escenario humanitario con impactos diferenciados sobre la capacidad de respuesta sanitaria. Según el más reciente balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte del 24 de agosto, el desastre ha afectado a 16 departamentos y 494 municipios, dejando 329 personas fallecidas, 4.592 heridas y 234 desaparecidas. Además, 364 personas han sido rescatadas durante las operaciones de respuesta.
La infraestructura sanitaria ha sido uno de los componentes críticos de la emergencia. El balance nacional ha reportado 378 centros de salud afectados, junto con 3.726 centros educativos y 4.140 centros comunitarios.
La emergencia también ha generado una presión considerable sobre la infraestructura habitacional: 178.236 viviendas han resultado averiadas y 31.519 han sido destruidas, mientras 5.884 edificios presentan afectaciones y 591 han colapsado.
Estas condiciones han tenido un impacto particularmente importante en comunidades afrocolombianas e indígenas y en territorios donde las barreras geográficas y las limitaciones preexistentes de la red sanitaria han reducido la capacidad local para responder a la emergencia.
Aunque Cali y Pereira han concentrado el mayor número de víctimas mortales, las brechas de acceso a servicios sanitarios han continuado siendo especialmente críticas en ciudades como Buenaventura y Quibdó, así como en zonas rurales de difícil acceso.
Médicos Sin Fronteras ha desplegado clínicas móviles
Ante las afectaciones y la sobrecarga de los servicios locales, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha desplegado equipos de evaluación y respuesta de emergencia en Valle del Cauca y Chocó. Las unidades móviles han proporcionado atención primaria, salud mental y servicios de salud sexual y reproductiva en barrios donde la infraestructura sanitaria se ha encontrado afectada o desbordada.
En los primeros días de intervención en Quibdó, los equipos han atendido en el Coliseo Municipal y en los barrios Medrano y Las Palmas. Allí han realizado 250 consultas médicas generales, más de 60 consultas de enfermería y planificación familiar y 170 pruebas rápidas de laboratorio.
La atención ha priorizado a menores de cinco años, mujeres gestantes y personas con enfermedades crónicas como hipertensión arterial y diabetes mellitus, grupos que requieren continuidad asistencial incluso en contextos de desastre.
Salud mental ha adquirido un papel central en la respuesta
La intervención también ha incorporado atención en salud mental. En Quibdó se han realizado 37 consultas individuales y siete sesiones grupales de psicoeducación, con 57 personas beneficiadas.
Entre las manifestaciones reportadas se han encontrado hipervigilancia, temor ante nuevas réplicas, alteraciones del sueño, tristeza intensa y síntomas psicosomáticos, como mareos y cefaleas.
En Buenaventura, los equipos móviles han iniciado actividades en el barrio Alberto Lleras, uno de los sectores más afectados. Allí han realizado 46 consultas médicas, nueve consultas individuales de salud mental y cinco sesiones grupales, con atención a 31 pacientes.
La intervención también ha incluido la entrega de kits de higiene, medicamentos pediátricos, antibióticos, insumos para curaciones, tratamientos para enfermedades crónicas y alimento terapéutico listo para usar a la ESE Ismael Roldán de Quibdó y a la IPS Espíritu Santo de Unión Panamericana, que abastece puestos de salud rurales.
La continuidad asistencial sigue siendo el principal desafío
A 14 días del terremoto, el escenario sanitario no se ha limitado a la atención de lesiones directamente asociadas al desastre. La red ha debido responder simultáneamente a las consecuencias del trauma, la salud mental, las necesidades de población infantil y gestante y la continuidad del tratamiento de enfermedades crónicas.
Las afectaciones de infraestructura han añadido presión sobre una red que ya presentaba desigualdades territoriales en disponibilidad de servicios, talento humano y acceso efectivo. En zonas rurales de Chocó y Valle del Cauca, las dificultades de transporte y conectividad han representado un desafío adicional para la referencia de pacientes y el abastecimiento de medicamentos e insumos.
La experiencia de las clínicas móviles ha evidenciado la necesidad de combinar atención primaria extramural, vigilancia epidemiológica, salud mental, suministro de medicamentos y fortalecimiento temporal de la capacidad instalada mientras continúa la recuperación de la red convencional.
En las próximas semanas, el desafío para el sistema de salud será pasar de la respuesta inmediata a una fase de recuperación y continuidad operativa, sin descuidar las patologías prevalentes ni las necesidades de las comunidades que ya enfrentaban barreras estructurales de acceso. En territorios como Quibdó y Buenaventura, la reconstrucción sanitaria deberá considerar no solo la recuperación de la infraestructura afectada, sino también el fortalecimiento de la capacidad territorial para garantizar atención oportuna y sostenida.