CALIDAD ASISTENCIAL
El ruido ambiental se perfila como un determinante de la calidad asistencial hospitalaria, según estudio de la UNAL
Una reciente investigación evidencia que eventos masivos y tráfico incrementan la carga sonora dentro de áreas clínicas y de hospitalizaciónestrés y dinámica clínica
Ruido urbano en entornos hospitalarios puede afectar la recuperación clínica.
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Redacción. Bogotá
El ruido ambiental proveniente del tráfico, eventos masivos y actividad urbana se perfila como un factor cada vez más relevante para la atención hospitalaria en Colombia. Mediciones y análisis realizados por la Universidad Nacional de Colombia han evidenciado que la
contaminación sonora en zonas cercanas a hospitales puede fragmentar el sueño, activar respuestas fisiológicas de estrés y potencialmente interferir en los procesos de recuperación de los pacientes.
De acuerdo con
Liliana Akli Serpa, fonoaudióloga y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, la exposición a niveles elevados de ruido
genera efectos fisiológicos como incremento de la presión arterial, alteraciones del ritmo cardíaco y activación sostenida del sistema de estrés, condiciones que pueden impactar negativamente la evolución clínica, especialmente en pacientes hospitalizados.
Las mediciones realizadas en el Hospital Universitario Nacional de Colombia durante eventos masivos celebrados en 2025 en el escenario Vive Claro registraron niveles entre 77,5 y 82 decibelios, tanto dentro como en los alrededores del centro asistencial
. Estas cifras superan hasta en 32 decibelios el límite nocturno recomendado para zonas hospitalarias, establecido en 50 dB, y se asociaron además con vibraciones en muros y ventanas de la institución.
Los monitoreos, desarrollados por la Oficina de Gestión Ambiental de la universidad en áreas como hospitalización y urgencias, evidenciaron que el impacto no se limita a los momentos de conciertos. Durante ensayos y actividades logísticas previas también
se registraron aumentos sostenidos del ruido ambiental que pueden interferir con actividades clínicas, consultas y procesos de hospitalización.
Este fenómeno pone de relieve la creciente dificultad de aislar acústicamente los hospitales ubicados en entornos urbanos densos. A las fuentes internas habituales, como
alarmas, monitores y equipos médicos, se suma el ingreso constante de ruido externo, lo que eleva los niveles acústicos por encima de lo recomendado para espacios de atención en salud.
El impacto tampoco se limita a los pacientes. La exposición continua a ambientes ruidosos puede
generar fatiga en el personal sanitario, disminuir la concentración y aumentar la carga cognitiva durante la práctica clínica. La literatura ha señalado que el ruido hospitalario es uno de los principales factores que deteriora la calidad del sueño intrahospitalario, elemento clave para la recuperación y estabilidad fisiológica de los pacientes.
El contexto urbano agrava el escenario. Un análisis espacial realizado por investigadores de la Universidad Nacional indica que
más del 85 por ciento de las zonas residenciales de Bogotá superan los niveles de ruido permitidos por la normativa, tanto en horario diurno como nocturno. Además, solo uno de cada tres habitantes se encuentra a menos de un kilómetro de un espacio con condiciones acústicas adecuadas para el descanso.
La problemática adquiere relevancia para la planificación hospitalaria, la gestión del riesgo ambiental y la seguridad del paciente, especialmente en instituciones cercanas a corredores viales de alto tráfico o escenarios de eventos masivos. Expertos señalan que la
contaminación sonora debe considerarse como un
determinante ambiental que puede influir en indicadores clínicos, estancia hospitalaria y bienestar del equipo asistencial.
Los investigadores también han destacado la
importancia del cuidado del entorno acústico como parte de la salud pública. Datos internacionales estiman que cerca de 90 millones de niños y jóvenes entre 5 y 19 años viven con pérdida auditiva, y que más del 60 por ciento de los casos podrían prevenirse mediante intervenciones simples y costo-efectivas.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de
incorporar la gestión del ruido dentro de las estrategias de calidad hospitalaria, incluyendo monitoreo acústico, diseño arquitectónico, barreras sonoras y coordinación con autoridades locales para mitigar el impacto del entorno urbano en la atención en salud.