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Salud Pública
TRATAMIENTO ONCOLÓGICO
Investigadora colombiana desarrolla herramienta para detectar vulnerabilidades en niños con cáncer durante el tratamiento
El tamizaje permite detectar vulnerabilidades durante el tratamiento oncológico en pacientes de 7 a 16 años
Jueves, 10 de septiembre de 2026, a las 12:30

 Angie Alejandra Alarcón Rodríguez, doctora en Enfermería de la UNAL.


Redacción. Bogotá
Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ha desarrollado y validado un instrumento digital para identificar vulnerabilidades que pueden afectar a niños y adolescentes durante el tratamiento oncológico. La herramienta, diseñada por Angie Alejandra Alarcón Rodríguez, doctora en Enfermería de la institución, ha buscado ampliar la valoración clínica más allá del diagnóstico y reconocer factores familiares, sociales y administrativos que pueden interferir en la atención integral.

La propuesta ha surgido en un contexto de creciente carga asistencial. Según los datos citados de la Cuenta de Alto Costo, hasta diciembre de 2024 se habían atendido 13.126 casos de cáncer en menores de 18 años en Colombia, con la leucemia linfoide aguda entre las neoplasias más frecuentes. Además, la información presentada por la investigación ha señalado que los casos nuevos de cáncer infantil han aumentado un 62 por ciento entre 2019 y 2025.

Un tamizaje de nueve preguntas para la práctica clínica

El instrumento ha sido diseñado para pacientes de 7 a 16 años y puede aplicarse durante la valoración clínica en aproximadamente 8 a 15 minutos. La herramienta ha incluido una versión corta de nueve preguntas para realizar un tamizaje inicial y otra de 24 preguntas que permite profundizar cuando se ha identificado alguna vulnerabilidad.

Su construcción ha partido de tres dimensiones: individual, social y programática. Para establecerlas, la investigadora ha combinado el análisis de cinco casos de pacientes con cáncer con entrevistas a profesionales involucrados en su atención, entre ellos nutricionistas, un hematólogo, una trabajadora social y profesionales de psicología.

La dimensión individual ha considerado las respuestas del paciente y sus cuidadores frente al diagnóstico y los cambios ocasionados por el tratamiento. La dimensión social ha incluido aspectos familiares, económicos, culturales y comunitarios, mientras que la programática ha evaluado elementos como barreras administrativas, normatividad y gestión de la atención integral.

Entre las condiciones que pueden incrementar la vulnerabilidad se han identificado la necesidad de trasladarse a otras ciudades para recibir tratamiento, la situación laboral de los cuidadores, el nivel socioeconómico, el vínculo familiar, la alimentación y los mecanismos psicológicos de afrontamiento.

Vulnerabilidad durante el cáncer también puede reflejar derechos no garantizados

El análisis ha planteado que la vulnerabilidad de los pacientes pediátricos no debe entenderse exclusivamente desde su condición clínica. Para Alarcón, identificar estos marcadores también puede revelar dificultades en la garantía de derechos fundamentales.

“Identificar un marcador de vulnerabilidad es directamente identificar una falla o una omisión en el cumplimiento de los derechos fundamentales”, ha señalado la investigadora.

El estudio ha relacionado estas vulnerabilidades con derechos como salud, educación, protección social y recreación. Uno de los casos analizados ha correspondido a un niño de nueve años con leucemia linfoide aguda que había cursado tres veces tercer grado sin aprender a leer ni escribir, mientras su madre dependía de actividades económicas informales.

La investigadora ha explicado que el tratamiento oncológico puede modificar profundamente la cotidianidad infantil. “El transitar por un tratamiento oncológico suele implicar que los menores asuman dinámicas adultas o pierdan sus espacios cotidianos. Los marcadores ayudan a identificar y mitigar este impacto para proteger su desarrollo en el marco de su propia infancia”, ha indicado.

Instrumento ha sido validado por expertos y cuidadores

La herramienta ha sido sometida a validación por expertos clínicos y cuidadores parentales. Su siguiente etapa ha contemplado una posible incorporación a la ruta de atención del cáncer infantil del Hospital de la Misericordia (HOMI), en Bogotá, donde se espera que pueda ser utilizada progresivamente por el personal de enfermería durante el seguimiento de los pacientes.

La autora ha advertido, sin embargo, que los resultados no permiten establecer que la utilización del instrumento mejore la supervivencia oncológica. “Aunque la herramienta no permite asegurar científicamente una proyección en la supervivencia, sí tiene un impacto positivo en la dignidad y en la salud mental y emocional de los menores”, ha explicado.

Marco colombiano exige atención integral y sin barreras

El planteamiento también se ha relacionado con las obligaciones establecidas para la atención del cáncer infantil en Colombia. La Ley 1388 de 2010 ha establecido medidas orientadas a disminuir la mortalidad por cáncer en menores de 18 años y garantizar su atención integral, mientras que la Ley 2026 de 2020 (Ley Jacobo) ha incorporado disposiciones para garantizar atención prioritaria y continua a esta población.

Desde esta perspectiva, identificar vulnerabilidades sociales o administrativas puede aportar información adicional para reconocer situaciones en las que la continuidad de la atención o el ejercicio efectivo de los derechos del paciente se encuentren comprometidos.

Impacto en el ejercicio clínico

Para Enfermería y los equipos multidisciplinarios de oncología pediátrica, la herramienta ha planteado la posibilidad de incorporar un tamizaje estructurado de vulnerabilidad dentro del seguimiento asistencial. Su utilidad potencial no radica en sustituir la valoración clínica ni en predecir resultados oncológicos, sino en detectar factores que requieren intervención o articulación con psicología, trabajo social, nutrición y otros componentes de la atención.

El desafío estará en evaluar su funcionamiento una vez incorporada a escenarios asistenciales y determinar si la identificación temprana de estas vulnerabilidades se traduce en intervenciones oportunas y una mejor continuidad de la atención durante el tratamiento del cáncer infantil.

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