La crisis de pagos en EPS intervenidas exige una respuesta estructural del Gobierno
Expertos y gremios alertan sobre el impacto clínico, laboral y operativo en la red pública y privada
La presión financiera sobre hospitales públicos reaviva el debate del sistema de Salud.
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Redacción. Bogotá
La crisis en la atención y dispensación de medicamentos en Colombia continúa escalando y ya tiene
efectos directos sobre la red pública hospitalaria. A las denuncias ciudadanas por largas filas y dificultades para acceder a tratamientos, se suman ahora decisiones de cierre o suspensión de servicios en hospitales públicos, motivadas por la falta de pago de EPS actualmente intervenidas por el Estado.
Dos casos emblemáticos concentran la atención del sector: el Hospital Universitario San Rafael de Tunja y la E.S.E. Hospital Manuel Uribe Ángel (HMUA) de Envigado. En ambos, la cartera impaga de EPS bajo intervención, especialmente Nueva EPS, ha derivado en una asfixia financiera que
compromete la continuidad de la atención, el sostenimiento de la nómina y la disponibilidad de insumos básicos.
Hospitales en alerta por falta de flujo de recursos
En Boyacá, el
Hospital Universitario San Rafael de Tunja ha anunciado la
suspensión de varios servicios ambulatorios ante una deuda acumulada de la Nueva EPS que alcanza los 147 mil millones de pesos. Su gerente, Germán Francisco Pertuz González, explicó a medios locales que la decisión busca evitar un mayor deterioro financiero, en un contexto donde no existen canales efectivos para conciliar cartera ni acuerdos de pago que permitan operar con normalidad.
Una situación similar se vive en Envigado. El
Hospital Manuel Uribe Ángel atraviesa una de las crisis más graves de su historia reciente, con
alertas por no renovación de contratos de personal asistencial y administrativo, retrasos en el pago de nómina, escasez de insumos y riesgo de cierre de servicios. Aunque la institución no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre estas denuncias, sí ha resaltado públicamente avances en modernización y fortalecimiento de procesos, contrastando con el complejo panorama financiero descrito por autoridades locales.
El alcalde de Envigado,
Braulio Espinosa Márquez, ha sido enfático al señalar que la causa estructural de la crisis es la
falta de pago de las EPS. Según ha indicado, estas entidades
adeudan más de 120 mil millones de pesos al hospital. “Ni en pandemia vivimos semejante crisis”, ha afirmado, advirtiendo que la continuidad de esta situación podría llevar al hospital a una crisis total, con impactos directos sobre la seguridad del paciente.
Por su parte, el representante a la Cámara
Hernán Cadavid atribuyó la crisis financiera a las
deudas acumuladas por EPS como Nueva EPS y Savia Salud, ambas bajo control estatal, y cuestionó la efectividad de las intervenciones gubernamentales. A su juicio, el impacto económico se ha trasladado a hospitales que dependen de esos pagos para garantizar la atención.
En el mismo sentido, voces técnicas del sector han cuestionado el destino de los recursos de las EPS intervenidas. La economista experta en protección social y salud, exviceministra y exdirectora de la ADRES,
Diana Cárdenas, ha planteado un interrogante central: si los hospitales y prestadores no están recibiendo los pagos, ¿dónde están los recursos que administra el Estado a través de estas EPS?
Actualmente, siete EPS permanecen bajo intervención directa:
Coosalud, Nueva EPS, Famisanar, Savia Salud, Asmet Salud, SOS EPS y Emssanar, las cuales concentran cerca de la mitad de los afiliados del país. Aunque el Gobierno asegura que realiza los giros correspondientes, persiste la preocupación por la falta de transferencia oportuna a hospitales y clínicas.
Un modelo financieramente tensionado
El informe
Análisis financiero de las EPS en Colombia: primer semestre de 2019 a 2025, de la organización Así Vamos en Salud, aporta un marco estructural a la crisis. Según el documento, el modelo de aseguramiento muestra signos claros de insostenibilidad: en 2025, el patrimonio negativo del sector alcanzó los 11,4 billones de pesos, veinte veces más que en 2022. La relación pasivo/activo llegó al 164 por ciento, configurando un escenario de insolvencia técnica.
El estudio también advierte sobre la alta concentración del riesgo:
siete EPS manejan más del 80 por ciento de los activos y el 74 por ciento de los pasivos, lo que deja en situación de vulnerabilidad a más de la mitad de la población afiliada. Las EPS sostienen que la UPC es insuficiente para cubrir costos asistenciales y administrativos, postura respaldada por la Corte Constitucional, que ordenó su actualización al evidenciar que no reflejaba el gasto médico real.
UPC, salarios y sostenibilidad del sector
Desde el lado de los prestadores, la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC) ha expresado preocupación por el ajuste de la UPC para 2026. Su director,
Juan Carlos Giraldo Valencia, señaló que el incremento aprobado no guarda una relación cercana con el aumento del salario mínimo, lo que compromete la sostenibilidad financiera de hospitales y clínicas, tanto en el régimen contributivo como en el subsidiado.
La ACHC ha reiterado además la urgencia de implementar un Plan Extraordinario de Liquidez que permita aliviar la presión financiera sobre la red prestadora, especialmente en un contexto marcado por el comportamiento de EPS intervenidas.
El Ministerio de Salud, por su parte, sostiene que el sistema no está desfinanciado. Según cifras oficiales, entre 2022 y 2026 el presupuesto del sector salud creció 51,4 por ciento en términos reales, y la UPC aumentó 30,4 por ciento, lo que para la cartera sanitaria demuestra un fortalecimiento sostenido de la financiación.
El escenario actual plantea retos críticos: deterioro de las condiciones laborales, incertidumbre contractual, presión asistencial y riesgos crecientes para la continuidad del cuidado. La combinación de deudas, cierre de servicios y desabastecimiento amenaza no solo la sostenibilidad institucional, sino también la calidad y oportunidad de la atención a los pacientes.
Mientras persiste el debate sobre recursos, responsabilidades y modelo, hospitales públicos como el Manuel Uribe Ángel y el San Rafael de Tunja se convierten en un termómetro de una crisis que ya trasciende lo financiero y empieza a reflejarse en la operación diaria del sistema y en la seguridad de quienes dependen de él.