Según el nuevo
‘Análisis de la Situación de Salud Pública ante el evento climático El Niño (2026-2027)' de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se ha advertido que las alteraciones climáticas operan como potentes determinantes ambientales capaces de desestabilizar los servicios asistenciales de urgencia y agudizar las brechas sociales preexistentes en Colombia.
En un documento oficial publicado en su página web, el organismo ha advertido que la magnitud del impacto dependerá menos de la intensidad del fenómeno y más de la
capacidad de preparación y respuesta coordinada del país.
El estudio ha analizado de manera integral la Región de las Américas centrándose específicamente en las subregiones y países considerados áreas de prioridad, ha identificado para Colombia
riesgos "muy altos" en enfermedades transmisibles como la leptospirosis y el cólera. Lo mismo con las provocadas por vectores como malaria, dengue, Zika y chikungunya.
En el ámbito de las enfermedades no transmisibles, se han estudiado los impactos del estrés térmico (considerado la causa principal de muertes relacionadas con el clima) y el
aumento de las afecciones respiratorias debido al humo de los incendios forestales. En salud mental, se advierte un aumento de la ansiedad, el duelo y el trastorno de estrés postraumático derivados de la pérdida de medios de vida y el desplazamiento.
Uno de los hallazgos más críticos para el país es la
evaluación de la vulnerabilidad de la infraestructura sanitaria. La OPS ha analizado 756 hospitales de emergencia que están expuestos a riesgos de inundaciones costeras por el aumento del nivel del mar y a la interrupción de las cadenas de suministro médico, las cuales son vitales para pacientes con enfermedades crónicas.
El informe también ha analizado la situación de forma diferenciada para poblaciones vulnerables. Para la
salud materna y neonatal, se enfoca en los riesgos para las mujeres embarazadas y los recién nacidos ante la falta de agua segura y servicios obstétricos de emergencia.
Así mismo, la desnutrición se vincula directamente con la
inseguridad alimentaria provocada por la pérdida de cultivos, donde la principal afectación estará en los niños menores de cinco años.
A eso se suma la violencia de género que ya se identifica como un
que aumenta de forma considerable en contextos de hacinamiento en refugios y estrés por desastres.
Las recomendaciones de OPS al país
La OPS ha instado a las autoridades colombianas a implementar el f
ortalecimiento de la vigilancia para priorizar la detección temprana de enfermedades sensibles al clima y la vigilancia nutricional en niños menores de cinco años y mujeres embarazadas.
Por otro lado, se ha recomendado propiciar la
integración de los modelos meteorológicos con las bases de datos de salud pública para identificar con antelación los brotes vectoriales.
Pero un punto importante ha sido el énfasis en garantizar el acceso a agua segura para
prevenir brotes de cólera y leptospirosis, especialmente en zonas inundables o con sequía extrema.
Para resguardar la continuidad de la atención, se ha propuesto implementar mecanismos alternativos, como telesalud y farmacias móviles, asegurando que las personas con enfermedades crónicas no interrumpan sus tratamientos. De igual modo, se insta a
establecer protocolos en espacios seguros que prevengan la violencia de género.
En infraestructura, se ha aconsejado monitorear la seguridad mediante la revisión de los componentes no estructurales de las instalaciones de salud para que sigan operativas durante la emergencia climática.
Por último, se ha destacado la relevancia de la comunicación de riesgos a través del despliegue de
campañas de Comunicación de Riesgos y Participación Comunitaria en lenguas originarias, enfocadas en el manejo intradomiciliario de agua segura y la detección temprana de signos clínicos de alarma.