BARRERAS DE ACCESO
Uno de cada 10 adolescentes en Colombia presenta un probable trastorno emocional, según Encuesta Nacional
El estudio identifica un mayor impacto en mujeres y poblaciones vulnerables, y plantea la necesidad de fortalecer la detección temprana
La depresión y la ansiedad, los trastornos más frecuentes.
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Redacción. Bogotá
La
salud mental de los adolescentes en Colombia enfrenta un panorama cada vez más preocupante. Así lo revela la
Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, cuyos resultados muestran un aumento sustancial en la prevalencia de depresión, ansiedad e ideación suicida entre la población de 12 a 17 años, con indicadores que triplican e incluso cuadruplican los registrados en 2015.
El informe advierte que esta situación trasciende el ámbito individual y refleja desafíos estructurales relacionados con el entorno familiar, educativo y social, además de las dificultades de acceso a servicios especializados en salud mental.
La depresión y la ansiedad, los trastornos más frecuentes
De acuerdo con la encuesta, el 10,4 por ciento de los adolescentes presenta un probable
trastorno emocional, principalmente depresión y ansiedad.
La prevalencia es mayor entre las
mujeres (12,8 por ciento) que entre los hombres (8,1 por ciento), una diferencia que también se observa en otros indicadores de salud mental.
No obstante, el número de adolescentes que ha recibido un diagnóstico profesional continúa siendo bajo. Solo el 2,9 por ciento reportó haber sido diagnosticado con depresión y el 2,7 por ciento con
trastorno de ansiedad generalizada, lo que sugiere un importante subregistro debido a que muchos jóvenes no acceden a valoración por parte de profesionales de la salud.
La encuesta también identifica una alta coexistencia entre depresión y ansiedad, condición que incrementa el riesgo de complicaciones y dificulta la
detección temprana.
Discriminación y exclusión incrementan el riesgo
El estudio señala que diversos factores sociales aumentan la probabilidad de desarrollar
trastornos emocionales durante la adolescencia.
Entre ellos se encuentran la discriminación en el entorno escolar, los
antecedentes familiares de enfermedad mental, las complicaciones durante el embarazo o el parto y la desescolarización.
Los datos muestran que la prevalencia de trastornos emocionales alcanza el 20 por ciento entre adolescentes que han sufrido
discriminación en la escuela y el 17 por ciento en quienes tienen antecedentes familiares de enfermedad mental.
Asimismo, la encuesta identifica una mayor vulnerabilidad entre adolescentes pertenecientes a la
población LGBTIQ+, personas migrantes, víctimas de violencia o del conflicto armado y otros grupos que enfrentan condiciones de exclusión social.
Aumentan las ideas suicidas y las autolesiones
Uno de los hallazgos que más preocupa a los expertos es el incremento de las conductas asociadas al
riesgo suicida.
El 4,8 por ciento de los adolescentes manifestó haber tenido
ideas suicidas durante los últimos 30 días, porcentaje que asciende al 6,4 por ciento en mujeres y se reduce al 2,2 por ciento en hombres.
La encuesta también evidencia un aumento de las
conductas autolesivas. El 2,9 por ciento de los adolescentes reportó haberse provocado lesiones deliberadamente, como cortaduras o quemaduras, con una incidencia tres veces mayor en mujeres.
Entre quienes presentan diagnóstico de trastorno por
estrés postraumático, el 31,4 por ciento manifestó haber tenido pensamientos suicidas, lo que confirma la estrecha relación entre los trastornos mentales y el riesgo de suicidio.
El entorno escolar, un escenario clave para la prevención
El informe identifica a la escuela como uno de los principales
espacios para prevenir y detectar de manera temprana los problemas de salud mental.
Factores como el
acoso escolar, la discriminación, la exclusión y el aislamiento social aparecen asociados de forma consistente con una mayor prevalencia de depresión, ansiedad, estrés postraumático, hiperactividad e ideación suicida.
Además, entre los adolescentes que no asisten a una institución educativa, la prevalencia de trastornos emocionales alcanza el 16,8 por ciento, cifra superior al promedio nacional.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de fortalecer las estrategias de
promoción de la salud mental y convivencia escolar, especialmente entre poblaciones en condición de vulnerabilidad.
Persisten barreras para acceder a la atención
La encuesta también evidencia importantes desafíos para el
sistema de salud.
Menos de la mitad de los adolescentes diagnosticados con un trastorno mental busca
atención profesional y, entre quienes lo hacen, cerca de un tercio debe esperar más de un mes para recibir una consulta.
Adicionalmente, solo uno de cada cuatro adolescentes accede gratuitamente al
tratamiento farmacológico indicado, lo que refleja barreras económicas y de acceso a los servicios especializados.
Frente a este panorama, el informe plantea la necesidad de fortalecer la detección temprana en las
instituciones educativas, ampliar la disponibilidad de profesionales en salud mental, especialmente en zonas rurales y comunidades vulnerables, y diseñar políticas públicas con enfoques diferencial, territorial y de género.
La Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 concluye que responder al aumento de los trastornos emocionales en la adolescencia requerirá intervenciones integrales que involucren al
sector salud, el sistema educativo, las familias y las comunidades, con el fin de reducir el estigma, mejorar el acceso a la atención y prevenir el impacto de estos problemas sobre el bienestar y el desarrollo de las nuevas generaciones.